Este tipo de contaminación
percibida a través del sentido de la vista expone diariamente a millones de
personas, principalmente en las ciudades, a estímulos agresivos que las invaden
y contra los cuales no existe ningún filtro ni defensa.
La contaminación visual se
refiere al abuso de ciertos elementos “no arquitectónicos” que alteran la
estética, la imagen del paisaje tanto rural como urbano, y que generan, a
menudo, una sobreestimulación visual agresiva, invasiva y simultánea.
Dichos elementos pueden ser
carteles, cables, chimeneas, antenas, postes y otros elementos, que no provocan
contaminación de por sí; pero mediante la manipulación indiscriminada del
hombre (tamaño, orden, distribución) se convierten en agentes contaminantes.
Una salvaje sociedad de
consumo en cambio permanente que actúa sin conciencia social, ni ambiental es
la que avala (o permite) la aparición y sobresaturación de estos contaminantes.
Esto se evidencia tanto en poblaciones rurales como en aglomeraciones urbanas
de mayor densidad. Pero lógicamente es en las metrópolis, donde todos estos
males se manifiestan más crudamente.
Todos estos elementos
descriptos influyen negativamente sobre el hombre y el ambiente disminuyendo la
calidad de vida.
La cartelería publicitaria es
el agente más notorio por su impacto inmediato, creando una sobreestimulación
en el ser humano mediante la información indiscriminada, y los múltiples
mensajes que invaden la mirada. Así el hombre percibe un ambiente caótico y de
confusión que lo excita y estimula, provocándole una ansiedad momentánea
mientras dura el estímulo.
La simultaneidad de estos
estímulos a la que se ven sometidos, por ejemplo, los automovilistas, pueden llegar a
transformarse en disparadores de accidentes de tránsito. Dado que pueden llegar
a generar distracción, e incluso a imposibilitar la percepción de las señales
indicadoras de tránsito. Esta situación, inevitablemente, actúa también en
detrimento de los mismos medios de comunicación, mimetizando los diferentes
signos y señales a que se somete a los individuos, camuflándose mutuamente y
perdiendo fuerza la clara lectura del mensaje.
Pero estos agentes también
afectan notoriamente al espacio físico.
Se ven así fachadas destruidas
u ocultas por la superposición de carteles, estructuras metálicas y chimeneas.
La arquitectura aparece desvalorizada y miniaturizada. El cielo oculto por
cables y antenas. El espacio público desvirtuado e invadido por postes,
sostenes de carteles, refugios; el tránsito peatonal entorpecido; y la
vegetación destruida. Este panorama es terriblemente agresivo para el hombre
común, imaginemos cuánto lo es para un discapacitado, niño o anciano.
Esta situación no sólo atenta
contrala belleza del espacio urbano, sino también sobre la lectura poco
claraque tienen los individuos del mismo, dificultando la identificación del
habitante con su ciudad.
Una ciudad con contaminación
visual denota un estado con falta de política para la ciudad, con una
regulación deficitaria o inexistente del espacio público y privado. Así las
ciudades se convierten en escenarios de millones de decisiones individuales
despreocupadas por su entorno, que conviven formando un caos difícil de
asimilar por el ojo humano.
La contaminación visual debe
ser considerada definitivamente como un tema ambiental, y se debe legislar en
concordancia. Se debe tomar conciencia de que no se trata solamente de
intervenir sobre medidas y proporciones de carteles. El estado debe tener una
política ambiental global con reglas claras y precisas cuya finalidad sea una
mejor calidad de vida para todos. Así como la degradación es voluntaria y
producida por el hombre también debe ser controlada y modificada por él.
Fuente: http://www.cricyt.edu.ar/enciclopedia/terminos/ContamVis.htm








